Deporte Escolar Educativo


Cortometraje ‘Seis contra seis’, dirigido por Marco Fettolini y Miguel Aguirre. La película cuenta con la colaboración de algunos rostros célebres del deporte español: Pepu Hernández, Iturriaga, los hermanos Llorente…

La presión paterna se palpa en los campos de juego, sobre todo en el fútbol pero también se vive en otros deportes. Pepu Hernández, exseleccionador nacional de baloncesto y actual técnico del Joventut, narra dolorosos casos reales: «No son la generalidad, pero existen y un solo individuo puede contaminar la convivencia de todo el grupo. Hay padres que llevan las estadísticas de los entrenamientos e incluso llegué a saber de uno que le daba la paga a su hija según los puntos que metía en el partido».

Algunos psicólogos incluso recomiendan eliminar todo rastro de competitividad de las canchas, al menos en edad escolar. Hay que enseñar a perder y enseñar a ganar».

Y en esa batalla cotidiana también bregan los medios de comunicación, demasiado acostumbrados a las hipérboles deportivas: «Se utilizan con demasiada facilidad las palabras crack y manta. Un chaval es un crack porque hace un partido bueno y a las dos semanas es un manta porque ha hecho un partido malo. Hay que tener más tranquilidad. Las prisas son fatales, sobre todo en el periodo formativo».

La pelota está en el tejado de los padres y de los entrenadores. Si creen que están criando a un Ronaldinho, quizá les convenga escuchar a Fernando Torres, hoy jugador del Chelsea: «Con mi padre no hablaba de fútbol. Nunca se metió con el árbitro ni con el rival. Y tampoco me cogía para decirme cuándo debía disparar. Jamás me metió presión». No parece mala receta: su hijo ha acabado siendo campeón del mundo.

Como cualquiera puede suponer, semejante conducta se graba a fuego en el chaval: «Los niños están en pleno proceso de formación del autoconcepto, de su autoconfianza, de la capacidad para tomar decisiones y resolverlas», explica Fernando Gimeno, profesor de Psicología del Deporte en la Universidad de Zaragoza. «Y los chicos buscan el reconocimiento de sus padres. En estas circunstancias, el mensaje de ‘yo quiero que seas el mejor y no puedes fallar’ resulta mucho más negativo que el de ‘esfuérzate, haz lo que puedas y disfruta’. Cuando un padre se obsesiona por que su hijo brille (y no solo en el deporte), eso suele acabar mal».

Gimeno ha dirigido varios programas de prevención de la violencia en el deporte base y recomienda huir de los estereotipos: «Conozco a muchas personas que son educadísimas y que, sin embargo, cuando ven a su hijo jugando al fútbol pierden la cabeza. Insultan, chillan… No se reconocen. Ésa es la complejidad del deporte escolar: personas que no son antisociales caen en conductas antisociales». El árbitro Jiménez Bonillo también pide huir de las generalizaciones fáciles: «Hay muchos tipos de padres. La mayoría se conforma con ver disfrutar a sus hijos. Pero también he visto tarados que se pasan el partido subiendo y bajando de la grada, gritando, metiendo presión al entrenador, al árbitro… y a su propio hijo».


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