DÍA MUNDIAL DE LA DIABETES


Hombres de hierro e insulina

“Tengo una enfermedad, pero no soy un enfermo”. Ese es el lema de Jon Karro, triatleta insulinodependiente desde 2003. Hace ocho años, cuando estaba preparándose para correr la Transpirenaica, debutó con la enfermedad. Perdió quince kilos en una semana y entró en coma diabético. “Me dijeron que el haber sido deportista me había ayudado a salvar la vida, pero que a partir de ahora tendría que limitarme a dar paseos”, comenta recordando aquellos días de incertidumbre.

Pero Jon se negó a parar y, siempre bajo los consejos de los endocrinos, decidió continuar con el deporte. Escogió el triatlón como disciplina y se marcó como meta la distancia Iron Man (3,8 kilómetros nadando, 180 en bici y 42 de carrera). En 2010 consiguió su objetivo en el IronCat y desde entonces nada le puede parar. Hace unos meses completó un reto de 24 horas sobre la bicicleta, siendo el primer diabético del mundo en lograrlo.Todo ello le ha llevado a estar en el punto de mira del Team Type 1, un equipo profesional americano de diabéticos, en el que ya milita el ciclista madrileño Javier Mejías. Sin embargo, sus inquietudes van más allá de los desafíos personales. Jon se ha volcado con el mundo de la diabetes para intentar ayudar a otros deportistas insulinodependientes. “DT1 (Diabetes Tipo 1) es mi marca, mi equipo, mi utopía”, explica tratando de poner etiquetas a un proyecto personal a mitad de camino entre la divulgación y el mecenazgo. “A mí nadie me ayudó y yo quiero servir de apoyo a otros para que no se sientan abandonados en la enfermedad”, cuenta lleno de ilusión. Para financiar este sueño ofrece conferencias, ha creado una línea de ropa deportiva y el próximo día 24 de noviembre presentará un corto documental titulado ‘Por y para la diabetes tipo 1’, en el que colaboran amigos y deportistas como el triatleta Eneko Llanos o el ciclista Rubén Pérez.

Otro héroe anónimo

Antonio Ortega no conoce de nada a Jon Carro, pero sus vidas han ido paralelas sin saberlo. Él también debutó con la diabetes en 2003 y completó su primer Iron Man, el de Lanzarote, en 2010. Profesor universitario de Farmacia y padre de cuatro hijos, el triatlon para él es un hobby que compartir con amigos del club ciclista Anaga y con su mujer, campeona de Canarias de su grupo de edad en distancia olímpica. “Al principio la enfermedad es un mazazo y hasta te da miedo salir al parque a correr veinte minutos, pero con el tiempo te das cuenta que hay que tirar para adelante y la vida te va llevando”, afirma satisfecho poniendo el acento en la organización como clave para el éxito.

La diabetes no les ha impedido a ninguno de ambos continuar con su pasión. De hecho, los dos defienden el deporte como ayuda para la insulinodependencia. “Cuando corres gastas más, hay menos azúcar en sangre y hasta puedes llegar a quitarte un pinchazo al día”, explican dejando claro, eso sí, que no existen formulas mágicas y que es fundamental conocer tu propio cuerpo y las señales que te envía.


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